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Querida lectora,

Es un honor tenerte por aquí y poder compartir contigo de corazón a corazón.

Para mí, no cabe duda de que somos almas en búsqueda de sentido y expresión, queriendo volar libremente y gritar nuestras verdades más profundas con el último fin de reconocer nuestra naturaleza Divina.

Aterrizamos en este planeta y por razones prácticas, necesitamos un cuerpo y un personaje, ambos con fecha de caducidad. Sucede que, al experimentar nuestro cuerpo y personaje, terminamos creyendo que somos solamente eso: una entidad finita y limitada tratando de sobrevivir en una realidad distorsionada acerca de si misma y de todo lo que le rodea.

Hoy quiero compartirte mi historia, que no ha sido nada diferente. De hecho, a pesar de la aparente unicidad en forma, creo que todas las historias tienen la misma esencia- la que nos une como seres humanos en búsqueda de nuestra verdadera naturaleza.

1. Dos décadas viviendo en el olvido

Cuando llegas a tomarte tu propio personaje demasiado en serio, ocurre el olvido y la existencia se convierte en una constante lucha de sobrevivencia, en la que siempre hay más por lograr y conseguir.

Fijarse objetivos es parte de la historia, pero crear una identidad alrededor de esas metas y depender siempre de un resultado “positivo” cansa demasiado y se convierte en un afán de llenar un vacío interno que nada externo podría llenar.

1.1. Un alma mayor

Desde pequeña me tomé mi personaje demasiado en serio. En mi temprana adolescencia me preocupaban cosas que a la mayoría de los niños y niñas de mi edad les daban igual. Estaba muy pendiente del mundo de los adultos, la sociedad, la economía y muchas veces encontraba los entornos de mi escuela demasiado infantiles. Esto hizo que me aislara bastante de la gente, ya que solo mantenía dos o tres amistades cercanas.

Mi ego, fascinado por el mundo adulto, soñaba con una carrera en finanzas y con llegar a ser alguien “importante”, mientras que otra parte de mí coqueteaba con libros de psicología y verdades mucho más profundas, pero que “no me iban a dar de comer”.

Había un conflicto entre esa parte racional y lo que me movía por dentro: muchas veces me miraba en el espejo teniendo una sensación muy profunda de que yo, no soy yo, no soy solamente el personaje Laura.

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1.2. Una enfermedad llamada perfeccionismo

Mi ego tomó el mando de la historia, persiguiendo la decisión racional de estudiar finanzas. La carrera se convirtió en el objetivo número uno de mi vida y empecé a ponerme mil metas, cayendo en la trampa de competir y querer conseguir siempre más y más: más títulos, certificados, formaciones, experiencia internacional. La ambición era un pilar fundamental en mi vida, ya que en ese entonces, creía que HACER era sinónimo de SER.

Cumplí todas y cada una de mis metas (si en algo soy especialista, es en cumplir objetivos): tenía un puesto de trabajo en un banco, buen sueldo, una vida cómoda, viajes, etc.

Aun así, vivía tan en el olvido y desconectada, que no lograba darme cuenta de que estaba en un callejón sin salida y mientras más hacía, más vacía me sentía. En realidad, el personaje o yo pequeño, al saberse limitado y condenado a la muerte, siempre busca formas de gratificación instantánea creyendo que, al conseguir su próximo objetivo, se sentirá pleno, siempre en el futuro. Esto implica perseguir una ilusión, ya que la plenitud es un estado interno independiente de las circunstancias.

Por otra parte, no quiero decir que hacer esté mal, pero el enfoque sí importa. En mi caso, la tendencia hacia el perfeccionismo y la necesidad de conseguir siempre más y más escondían una inmensa falta de amor propio y de aceptación. Por fin me estaba dando cuenta de que el modelo de vida que había seguido no tenía nada que ver conmigo y con lo que mi alma gritaba.

1.3. La soledad como regalo

Durante esa etapa, vivía en una ciudad donde casi no conocía a nadie excepto a las personas de mi trabajo. Descuidaba bastante mis relaciones y amistades, ya que lograr todos esos objetivos profesionales implicaba invertir muchas horas.

Al principio tenía cierta resistencia a estar sola, pero aprendí que la soledad se convierte en un auténtico regalo si sabes apreciarla y enfocarla hacia un proceso de autoconocimiento profundo. Este trabajo de introspección te ayuda a descubrir tu esencia y preguntarte ¿cuáles son tus valores?, ¿por qué estás aquí? y ¿qué anhelas?

Por otra parte, si te tomas el tiempo para responder estas preguntas con honestidad y saber quién eres realmente, serás capaz de aportar mucho más valor a tus relaciones. Aun así, muchas veces uno huye de sí mismo, distrayéndose continuamente con actividades y objetivos, y entrando en un círculo sin parar con tal de no enfrentarse a las realidades más profundas de la vida.

En mi caso, esa época solitaria terminó revelando una verdad muy dolorosa: lo que hacía carecía de sentido para mí.

1.4. La importancia de sentir como forma de ampliar la percepción

A pesar de haber tomado casi siempre decisiones puramente racionales, la capacidad de sentir y percibir en profundidad ha sido una constante en mi vida: todo lo que vivía, lo vivía con mucha intensidad, especialmente a nivel emocional. Cuando estaba triste, me sumergía en la tristeza, y cuando estaba alegre, desbordaba entusiasmo. Así pasaba mi vida en un vaivén de emociones y estados de ánimo.

Un ser humano que está en el olvido, vive atrapado en la dualidad de la mente, en una continua búsqueda de experiencias que considera deseables y rechazando todo lo indeseable…Haz click para twittear

… pero al fin y al cabo, ¿quién decide si algo es positivo o negativo? ¿acaso no son todas experiencias de vida neutras que nosotros interpretamos, clasificamos y juzgamos causando nuestro propio sufrimiento?

Con el tiempo aprendí que la razón se queda corta al explicar las cosas más profundas que uno lleva adentro y que la vida nunca podrá ser comprendida desde la mente. Quedarte atrapada en la mente implica experimentar solamente una pequeña parte de quién eres realmente y perderte muchas sutilezas que la vida te ofrece.

2. La caída de un sistema de pensamientos basado en el miedo

Darme cuenta de que todo lo que había creado en mi vida, lo había creado desde el ego fue muy doloroso porque había invertido muchísima energía y tiempo en ello. Esto me llevó a una crisis de identidad donde empecé a cuestionármelo todo: mis valores, mis ideas acerca de la vida, mis prioridades, mi relación conmigo misma. Fue como hacerle un “reset” a mi mente y a mi sistema de pensamientos.

Pasar por un cambio masivo de creencias y tener que soltarlas es un verdadero reto para el ego, ya que su identidad está en juego y se siente amenazado frente a lo desconocido.

Aun así, el cambio era inevitable para mí, ya que mi antigua forma de pensar me había traído mucho sufrimiento, vacío y desgaste a nivel mental y emocional. Yo ya no quería eso.

Muchas veces, las situaciones te provocan angustia o dolor porque las procesas a través de un sistema de creencias basado en el miedo. Este es el sistema de pensamientos del ego, que trata de protegerse, de gustar, de ser querido; se compara, se machaca, juzga, quiere ser especial, y todo eso porque en el fondo reconoce su naturaleza finita y limitada ante la muerte.

En cambio, cuando empiezas a reconocerte como parte de una consciencia universal, eterna e ilimitada, todos tus miedos se desvanecen poco a poco y das tus primeros pasos hacia un sistema de pensamientos basado en el amor. Aprendes a confiar en la vida y entender que todo, absolutamente todo tiene una razón de ser.

2.1. Victimismo y rechazar lo que es

Empezar a cuestionarme mi realidad inminente me llevó a una etapa inicial de rechazo, en la que me sentía víctima de una situación que yo misma había creado y que ya no resonaba conmigo. Me estaba planteando un cambio de vida, pero había un pequeño “problema”: no tenía ni la más mínima idea de qué hacer, o qué dirección tomar.

Eso me generaba frustración y me sentía como atrapada, mientras que mi alma gritaba por libertad. Veía cómo mi antiguo mundo empezaba a desvanecerse poco a poco, pero había mucha resistencia y mucho miedo por parte de mi ego. Al mismo tiempo, estaba cada vez más consciente de que soy la única responsable de mi situación de vida y que el cambio solamente puede nacer desde mi interior.

Durante años, había tratado de controlar y planificar la vida en busca de una falsa seguridad y comodidad, pero ahora me enfrentaba a otra realidad: el afán de control era simplemente una forma de darle voz al miedo, y la esencia de la experiencia humana es algo mucho más profundo y totalmente opuesto al miedo. Es algo que puede ser experimentado solamente cuando decides abrazar lo nuevo, abriéndote frente a cada experiencia, y apreciando la belleza de lo impredecible.

2.2. El amor propio

En medio de la crisis que estaba viviendo, empecé a darme cuenta de lo poco que me amaba a mí misma. Me había puesto en el último lugar durante mucho tiempo, bajo la premisa de que siempre había otra cosa más importante por hacer. Muchas veces la lista de prioridades es infinita y uno ya no da para más, pero en realidad, la persona más importante en tu vida eres tú misma. Si tú no estás bien, es muy poco lo que puedes aportar a tus seres queridos y al mundo.

Conocerte a ti misma y pasar tiempo contigo es el regalo más grande que te puedes hacer, ya que solamente tú eres capaz de darte lo que realmente necesitas.

En ese sentido, el silencio y la reflexión me parecen fundamentales, tal y como dedicar una pequeña parte de cada día para escucharte, conectar, sentir, y simplemente ser, sin la necesidad de hacer nada.

2.3. La aceptación y el arte de soltar

Llegó un momento cuando finalmente decidí soltar, soltar el empeño de encontrar una alternativa y abandonar la búsqueda de lo que sería mi nueva vida. Decidí confiar en que todo eso surgirá en el momento oportuno y me dediqué a vivir el día a día lo mejor que podía, concediéndome más tiempo a mí misma, integrando todo lo nuevo que surgía en mi interior, y aprendiendo a ser una mejor versión de mi misma.

También decidí soltar personas y situaciones que ya no resonaban conmigo. Por circunstancias muy concretas de la vida, había mantenido una relación a distancia que había durado varios años y que me trajo muchísimos aprendizajes a través del sufrimiento. Estábamos ahora por fin juntos. Aun así, mis cambios internos hacían que nuestros caminos se alejaran cada vez más, y era el momento de soltar.

A nivel más sutil y sin centrarme en ello, simplemente estaba haciendo espacio para que algo nuevo surgiera en mi vida.

3. Propósito y señales de la vida

Durante esa etapa, por fin me permitía respirar y hacer menos de lo que estaba acostumbrada a hacer. Aprendí a apreciar la belleza de vivir en el presente, más atenta y abierta a todo lo que sucedía alrededor, y valorando las cosas sencillas. En el fondo, era un cambio completo de perspectiva y por fin podía percibir las señales que la vida me estaba dando y que había ignorado por completo durante mucho tiempo.

3.1. Yoga, un espacio para ser uno con la vida

En ese entonces, practicaba yoga en un estudio y era muy gratificante, pero más que nada a nivel físico, ya que me ayudaba a relajarme. Aun así, lo que realmente me atraía a mí, era la parte espiritual del yoga, y el yoga como filosofía de vida. Leía un montón de libros, iba a seminarios, retiros y poco a poco, el amor por yoga invadía todos los aspectos de mi ser.

Llegó un momento cuando la vida me presentaba una oportunidad a través de un encuentro de almas, diría yo, con una profesora a la que guardaré en mi corazón para siempre. Decidí formarme como instructora de hatha yoga tradicional y meditación, pero esa es simplemente una etiqueta que se queda corta al explicar lo que yoga significa para mí.

Con el tiempo, llegué a aprender y a sentir muchas sutilezas de la práctica en carne propia, siempre enfocándolas hacia mi autoconocimiento, tratando de superar los límites y miedos de mi personaje. Yoga es un camino que está profundamente tatuado en mi corazón. A través del yoga, he tenido las experiencias más transformadoras de amor, compasión y conexión – sensaciones que nunca había vivido con tal magnitud, y que me gustaría que todo el mundo experimentase.

En ese momento, por fin tenía muy claro que mi futuro estaba relacionado con la práctica y enseñanza del yoga, ya que no me veía haciendo otra cosa.

3.2. Mientras más fuerte te haces, más retos atraerás

Creo firmemente que el propósito del ser humano es la evolución en consciencia. Eso no implica que tengas que estar en un estado de meditación continua o experimentando una sensación de amor universal las 24 horas del día. Más que nada, es un camino de valientes, que están dispuestas a comprometerse con ellas mismas, responsabilizarse de sus vidas y escuchar su voz interior.

A veces no es tan sencillo, porque hay muchos miedos y fantasmas mentales que te condicionan, y te limitan en varios aspectos de tu vida. Algo que he aprendido en carne propia, es que mientras más te empoderas, más retos atraes. Aun así, la magnitud de las situaciones presentes en tu vida no supera tu capacidad de sobrepasarlas, una vez que hayas encontrado los recursos interiores necesarios.

La primera vez que me planteé seriamente dejar mi trabajo en el banco para seguir mi pasión, y respirar yoga las 24 horas del día, aún tenía mucho miedo, ya que implicaba renunciar a todo lo cierto y seguro para volver a empezar desde cero. Aun así, sentía profundamente que mi camino y mi propósito de vida se encontraban en esa dirección.

Mi práctica espiritual diaria, los momentos de conexión profunda, y todo el trabajo de introspección que estaba haciendo han sido pilares fundamentales en mi proceso. Gracias a ellos, encontré en mí misma esa fuerza interior y finalmente, decidí confiar en la vida y apostar por mis sueños.

4. Conclusión

En este espacio virtual, pretendo compartir desde el alma todos mis conocimientos y experiencias, transmitiendo la idea del yoga como filosofía de vida o como una serie de técnicas cuyo último fin es ayudarte a conectar con tu verdadera esencia, y plasmarla en todo lo que haces.

Mi intención es crear un espacio donde podamos quitarnos las máscaras, compartir nuestras experiencias de corazón a corazón, y crecer juntas día tras día.

Si te sientes identificada, te animo a que:

  • me cuentes más sobre los aprendizajes y dificultades en tu camino a través de un comentario;
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